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¿Mentir o no mentir? - Coaching personal
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¿Mentir o no mentir?

¿Hasta qué punto debemos ser sinceros con los demás? Es una pregunta que no tiene fácil respuesta. Las mentiras están más que presentes en nuestro día a día y las razones por las que recurrimos a ellas son tan variadas como las circunstancias que las envuelven. La coach Carmen Terrassa habla de ello con la periodista Eva Carnero para la revista revista “Buenavida” del diario del diario El País. Porque No siempre es necesario decir la verdad (excepto a uno mismo).

 

¿Por qué mentimos?

Aunque Jean-Jacques Rousseau pensaba que los hombres son buenos por naturaleza, lo cierto es que la mentira forma parte de nuestro entorno desde que somos bien pequeños. Pero ¿por qué lo hacemos? Fundamentalmente, por dos motivos. El primero, por miedo. Tememos lo que pueda pasar si decimos la verdad, tememos que no podamos controlar la situación y las consecuencias que se puedan desencadenar.

El segundo, por compasión. Son las que se conocen como “mentiras piadosas”, que decimos para no herir los sentimientos de la otra persona. Sin embargo, los psicólogos piensa que este tipo de mentiras fomentan las actitudes paternalistas y dejan en situación de inferioridad a la otra persona.

 

Alejarse del “sincericido”

En este sentido, Carmen Terrasa explica que “lo que debería prevalecer no es tanto ser una persona 100% sincera sino no decir nunca lo contrario de lo que pensamos”. Terrasa también apunta que por encima de la sinceridad también deben tenerse en cuenta los “efectos dañinos” de decir la verdad a los demás y a uno mismo.

Es muy importante tener en cuenta y analizar qué vamos a decir y cómo lo vamos a decir para “minimizar” el efecto que la verdad pueda causar en la otra persona. La verdad no calculada, también conocida como “sincericidio”, puede ser un arma muy peligrosa y actuar en contra nuestra. Lo que nos puede parecer un acto de honestidad y valentía, puede entenderse como una desconsideración y una gran falta de tacto.

Muchas veces la falta de la verdad es también un “acto de supervivencia”, ya que es difícil asumir situaciones o hechos que nos dañan profundamente. Un buen ejemplo lo encontramos en el ámbito de la pareja. ¿Queremos saber si nuestro compañero o compañera ha tenido una aventura? Si somos conscientes de cómo puede esta verdad afectar a la relación y sabemos que habrá un antes y un después, entonces estaremos preparados para afrontar esa verdad. En cualquier caso y por encima de todo, debemos respetar a la otra persona.

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